Tatuajes

La piel habla, pide y se expresa en inscripciones eternas.
Nunca una comunión entre el dibujo y el cuerpo puede ser tan místicamente poderosa.

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Aerografia

Aire y pintura. Una mezcla que descubrieron los hombres de las cavernas… pero sin compresor ni aerógrafos. Hoy en día usamos estas últimas herramientas, pero honrando a los primeros creadores.

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La Hoja

A modo de tarjeta personal… pero con onda.
Consegui aca los ejemplares atrasados.

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Nací una cálida noche de noviembre del ´74 en un apacible por entonces pueblo del norte de las pampas, llamado General Pico. Rodeado de una extensa llanura y espinosos montes de caldenes, bajo un inmenso cielo de nubes espesas... cómo me gusta mi pampa, che!

Creo que toda mi vida estuvo ligada, de una u otra manera, al lápiz. En los recuerdos más remotos de mi infancia me veo garabateando, rayando todo, con crayones en mis manos y poco fútbol en mis pies. Dibujando las "portadas del mes" a mis compañeritos de primaria, y volcándome a retratar cada acontecimiento importante que vivía (léase llegada de algún circo, las películas de acción, viajes de vacaciones, etc). Ávido consumidor de las clásicas revistas de Columba (Nippur Magnum, D´artagnan, El Tony, Fantasía, etc.) me crié leyendo a Nippur, Dago, Savaresse, Crazy Jack, Pepe Sánchez, Mojado, Troels, Wolf y cientos de personajes e historias más. Copiaba siempre los dibujos de Salinas (padre e hijo), Gómez Sierra, Meriggi y tantos maestros que pasaron por la ya desaparecida editorial.

A los 16 años tuve mi primer profesor de dibujo. Era un muchacho delirante y casi hippie llamado Daniel Arguimbau. Un capo. Fue el responsable de abrirme la cabeza y darle cauce a lo apasionante que resultaba  para mí esto de dibujar. Fueron casi dos meses de absorber conocimientos técnicos y una enorme bisagra en mi manera de ver el dibujo. Cuando Daniel emigra a Italia se suspenden definitivamente las clases. Aún lo hecho de menos.

 

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